El anclaje extractivista en la ‘Tierra Media’

Centroamérica:

El anclaje extractivista en la ‘Tierra Media’

 Erick Barrera Tomasino[1].

Apertura

Centroamérica aparenta ser una región con el derecho sempiterno de ser explotado en función de los intereses del capitalismo universal. Parece estar condenada a pagar tributo por su estrecha pequeñez en los asuntos del comercio mundial. En su interior se hierve la fuerza de la naturaleza cuyo destino es afín a los modelos de desarrollo impuestos extra regionalmente.

Actualmente el modelo del “neodesarrollo” se ha presentado como la respuesta a la doctrina neoliberal que fuera aplicado en la región centroamericana desde finales de los años 80´s del siglo XX. El neoliberalismo impuso como receta la desarticulación de los aparatos productivos en cada país, con mayor o menos grado de aplicación y cuyos impactos siguen siendo mortales a las clases populares.

Actualmente la ‘Tierra Media’ americana[2], está pasando por un proceso de transición cuyo híbrido guarda aún los efectos del neoliberalismo aplicado de manera ortodoxa por los gobiernos de aquel entonces, con nuevas formas de relaciones de producción aun dentro del marco capitalista de acumulación; es decir subsumido a los intereses del capital transnacional. Este modelo híbrido implica lo que se ha dado por llamar el modelo “neodesarrollista con base extractivista”[3].

Extractivismo y neodesarrollismo: Dos caras de un mismo modelo

Un modelo económico es la forma o estilo específico de estructurar u organizar la producción y consumo de una sociedad. Para definir un modelo económico hay que identificar un aspecto calve que es el sector económico principal de la economñia de un país, éste se refiere al producto que más se produce y que genera riqueza, dinero, empleo, etc.

En ese sentido la configuración de la producción en la región centroamericana, se constituye bajo lo que se podría definir como el modelo extractivista exportador; esto debido a que la región -dentro de una economía global- está siendo acorralado para que su principal fuente de ingresos sea a partir de la explotación de los recursos naturales a través de la extracción industrializada de ellos para la producción y exportación de materias primas en forma de commodities, como productos agrícolas principalmente para la producción de agrocombustibles, agua en forma de energía y minería; es decir de capital extractivo-energético, para satisfacer el mercado internacional; lo cual envuelve un disputa por el control de los recursos que se encuentran en la zona.

La región centroamericana en su conjunto, está pasando por una conversión cuya base productiva se especializa bajo el modelo extractivista exportador, esa ha sido la base de su “crecimiento” económico. Los datos de crecimiento del PIB no son nada despreciables frente a otras regiones del mundo; según un balance preliminar de la CEPAL (2012), las tendencias de crecimiento del PIB para el 2012 el promedio para Centroamérica es del 4,2%; presentando los datos por país este informe indica que los PIB son: Panamá 10,5%; Costa Rica 5,0%; Nicaragua 4,0%; Honduras 3,5%; Guatemala 3,3% y El Salvador 1,2%. No obstante la variable PIB sea de alguna manera favorable para algunos países, esto no se refleja en su población.

Estas tendencias están en mejor condición que otras regiones del mundo, incluso presentando crecimientos en relación al año anterior. Valga mencionar que el crecimiento económico de la región tiene que ver con un crecimiento de la demanda interna, principalmente en los sectores servicios (comercio, restaurantes y hoteles) y construcción. Es decir, en la inversión en infraestructura para la explotación y comercialización. Y para megaproyectos turísticos, que significan reforzar la lógica de despojo territorial.

El modelo extractivista exportador implica la implementación de megaproyectos y la extracción de la riqueza natural; el despojo y desalojo de las comunidades de sus territorios, atentando contra su vida y la de la biodiversidad. Entre estos proyectos están la construcción de represas hidroeléctricas, la minería a cielo abierto, sumado a la implementación de agronegocios, principalmente en la siembra de palma africana y otros rubros agrícolas para la producción de agrocombustibles. La producción de energía a base de fuentes hídricas –principalmente-  y el agronegocio, son las nuevas formas de acumulación de capital por desposesión.

Regiones que hasta hace poco tenían poco contacto con las formas eminentemente capitalistas de producción, ahora son víctimas del despojo por empresas transnacionales en los rubros mencionados, es parte de la superación de los límites geográficos (expansión) de territorios cuya relación con el capital era hasta no hace mucho, inexistente o nula (por ejemplo algunas comunidades indígenas). Al respecto de esto, Glauser (2010) retomando los aportes de Harvey (2004) sobre la acumulación por desposesión nos resume:

“Este término se define como el despojo de patrimonios sociales (tierras, recursos, riquezas, derechos) de un determinado grupo social emplazado en una geografía específica, con el fin de acumular capital. La acumulación por desposesión –continúa- apunta a la expansión sobre campos fronterizos a la matriz capitalista mediante el despojo; ya sobre ámbitos internos del capitalismo, como la privatización de servicios y bienes públicos del Estado, ya sobre los ámbitos externos a él, como despojos legales o de facto de patrimonios de uso común de tribus, etnias, comunidades campesinas.” (GLAUSER, 2010, p. 230).

Visto de ese modo, la aplicación de un nuevo modelo de “desarrollo”, marca una tendencia de concentración de capitales a favor de los intereses de la industria extractivista en detrimento de la población local. No obstante es la continuación de la subordinación a los intereses imperialistas con características de extracción productiva. Al respecto veamos una fase de aplicación de un modelo similar al actualmente planteado.

El “new age” del desarrollo

El ‘desarrollismo’, fue un modelo aplicado con la intención de generar un desarrollo hacia adentro como progreso industrial (de ahí que fuese llamado ‘modelo de industrialización por substitución de importaciones’). En esta etapa se implementó una estrategia que permitiera desarrollar las condiciones de control y dominio de la oligarquía. Armstrong y Rubin (2001, p, 45) separan esta estrategia en tres ejes:

a) Desarrollismo. Creación de las condiciones para permitir la expansión y modernización de la economía; b) Reformismo. La política de ajustar las estructuras sociales y políticas existentes para mantener al sistema un paso adelante de sus propias contradicciones; y c) Represión. Reservada para aquellos que no podían ser absorbidos y querían más que un cambio paliativo.

Este proceso fue marcado por una expansión de la industria para la producción de materias primas y productos manufacturados, por la aplicación de formas de producción capitalistas en la agricultura, acompañado de ciertas reformas que dieran base y sostén al modelo. Al respecto Marini, analizando esta situación, plantea:

“Como quiera que sea, la expansión y aceleración tanto de la circulación de capital productivo como de la circulación del capital dinero han ido configurando una nueva economía mundial capitalista, que reposa sobre un esquema de división internacional de trabajo distinto al que regía antes de la crisis mundial… Pasó el tiempo del modelo simple centro-periferia, caracterizado por el intercambio de manufacturas por alimentos y materias primas. Nos encontramos ante una realidad económica en que la industria asume un papel cada vez más decisivo. Esto es cierto aun cuando el capital industrial se amplía y fortalece en áreas extractivas y agrícolas; lo que es todavía más, cuando consideramos la extensión y diversificación a escala mundial de la industria manufacturera. El resultado ha sido un reescalonamiento, una jerarquización de los países capitalistas en forma piramidal y, por consiguiente, el surgimiento de centros medianos de acumulación —que son también potencias capitalistas medianas—, lo que nos ha llevado a hablar de la emergencia de un subimperialismo”. (MARINI: 1977, p. 8)

Es decir, la apertura para que empresas transnacionales establecieran una presencia más abierta en la región[4], instalándose a partir de la inversión en capitales aprovechando las ventajas comparativas que la región brindaba, es decir cierta capacidad instalada, fuerza de trabajo menos valorizada que en otras regiones y por la cercanía con los centros de acumulación internacional. A partir del establecimiento de enclaves, es decir de la “anexión de áreas de producción a centros industrializados que quedan fuera de la estructura productiva nacional a excepción (a menos que sea a través) de la vía tributaria y salarial” (MARINI, 1977, p. 10).

Desde el punto de vista económico, el capital exportado por los países imperialistas a las zonas dependientes exige allí del Estado nacional una capacidad creciente en materia de obras de infraestructura, defensa del mercado interno, negociaciones financieras y comerciales con el exterior, financiamiento interno y creación de condiciones políticas (en particular en el terreno laboral) favorables a la inversión extranjera. (MARINI, 1977: 20)

Si bien, entre 1950 y 1978, el PIB regional creció en 5.2%, la modernización en el campo agrícola desarraigó a la población campesina, llevando a un proceso de descampesinización sino de proletarización o de pauperización, elevando las concentraciones urbanas y urbano-marginales principalmente en las ciudades capitales.

Una palanca del desarrollo fueron los incentivos fiscales, que consistían en la exoneración de aranceles por la importación de capital y materias primas para reducir los costos de maquinarias y equipo y rentabilizar a las empresas que invirtieran en la industria. Al respecto hay que mencionar que algunos capitalistas criollos entraron a esta nueva dinámica, la presencia de capitalistas extraregionales también aumentó.

Centroamérica en el escenario mundial

Así las cosas, la región centroamericana nuevamente se encuentra dentro la aplicación de un modelo cuya base es la “reactivación” industrial y de formas de extracción de la riqueza natural con fines de exportación. No obstante se ha debatido esta situación, la aplicación de esta lógica parece ser la norma y la tendencia en el futuro próximo.

Por ejemplo la cuestión del agronegocio como nuevo paradigma productivo en naciones “eminentemente agrarias” como las centroamericanas, ha marcado una aceleración en cuanto a la (re)concentración de tierras para la producción de monocultivos con fines de exportación, reforzando una nueva especialización de rubros agrícolas (piña en Costa Rica y Palma aceitera en Honduras y Guatemala por ejemplo).

Incluso países con gobiernos progresistas como Nicaragua y El Salvador se han visto forzados a revivir su aparato productivo con componentes de desarrollo agrícola al estilo “revolución verde” (aplicación de insumos químicos, introducción de maquinaria, producción extensiva, etc.)

El panorama de Centroamérica en este escenario tiene que ver con que el subcontinente es el receptáculo de los excedentes de producción del norte, los tratados de libre comercio han formalizado está situación.  Lo mismo ocurrirá con la Unión Europea en la aplicación de los acuerdos de asociación. 

No obstante, esta dinámica económica depende de la volatilidad de la economía global. Cuando bajan los precios a nivel internacional causa crisis en los sectores económicos que han invertido en estos rubros, producen desempleo en el campo, en el gobierno, en el transporte, genera crisis en la banca, etc. Sin embargo, la crisis económica puede acarrear otras complicaciones.  Al debilitarse las economías, las derechas pueden fortalecerse, exaltar en nacionalismo como la solución mesiánica, tal como se ha visto en Guatemala, Costa Rica, Panamá y en casos extremos como Honduras con el golpe de Estado. 

La brutalidad de los conflictos crecen más que el PIB

Al igual que en el período desarrollista, el neodesarrollismo conlleva los tres ejes de aplicación: desarrollismo, reformismo y represión. Sobre este último, ha sido notorio la criminalización de la protesta de los sectores afectados por el despojo de los bienes naturales.

Esta tendencia trae consigo una relación común para cualquier modelo dentro del capitalismo, el crecimiento económico es concomitante al control de los recursos y de la base productiva en los países donde se implantan. Los conflictos que atrae este modelo extractivista han marcado nota en este 2012 en varios puntos de la región, veamos: Venta de tierras en la Zona Libre de Colón, conflictos por la minería en la región Gnöbe en Panamá; asesinato de campesinos e indígenas en Totonicapán y acciones represivas en San Pedro Ayampuc y San José del Golfo, Guatemala; represión el Bajo Aguán, Honduras; atentados en Medio Queso, Costa Rica, solo por mencionar algunas.

Estas acciones han sido justificadas bajo la pretendida necesidad de desarrollar la región tomando como base los intereses de crecimiento económico y de usufructación de la riqueza natural. Es prevesible que esta tendencia se mantendrá sino más bien se agudizará.

Movimientos en resistencia

Esta situación plantea revisar la actuación de los movimientos sociales en la cual, por razones evidentes quienes han llevado a cabo acciones de protestas frente a este modelo están muy relacionados a poblaciones campesinas e indígenas, puesto que los megaproyectos de extracción están ubicados en estas poblaciones, minería, tierras, hidroeléctricas están en primer plano, y en la cual la discusión frente a la conservación o la negociación por menos impacto ambiental como propuestas generan un debate al interior de estos movimientos.

Frente a la expansión de la industria extractivista una demanda unificadora es la defensa de la tierra y del territorio en un sentido amplio; poniendo en las agendas nacionales la cuestión de los conflictos y superando la visión localista con la cual surgieron las expresiones de lucha, permitiendo mayores niveles de articulación aun con sus dificultades y contradicciones. Se han conformado o reforzado coordinaciones regionales como La Vía Campesina y el Movimiento mesoamericano contra el modelo minero, por mencionar algunas.

En otro sentido, están la lucha frontal contra los gobiernos que apoyan a capa y espada la supuesta necesidad de implantarlos para beneficiar a las economías nacionales que en el fondo es el apoyo al sistema económico mundial, necesitado de mayores niveles de crecimiento para superar una crisis que no tiene salida en los límites del capitalismo.

No obstante la oligarquía y las grandes empresas temen perder el control del poder ejecutivo, es por eso que hacen y harán cualquier cosa por mantener y/o recuperar el poder, mientras la burguesía controla e impulsa el neoliberalismo, el trabajo de los movimientos sociales es muy limitado, además el movimiento aún no está muy organizado que digamos.

La actitud frente a esto es medido distinguiendo a los individuos, sujetos y no al sistema político. Estos movimientos se refieren a los “políticos” y no a las relaciones que sustentan la dominación. Por lo tanto, no bastaría con cambiar tal o cual funcionario para que la política cambie o destituir o no apoyar para eliminar la política.

De manera que no se puede descartar la importancia de que la izquierda obtenga el poder ejecutivo; hay que tomar en cuenta que cuando la izquierda llega al poder ejecutivo, la burguesía adopta métodos para desgastar esos gobiernos, golpes de estado (como el caso de Honduras), ahogamiento económico (como se está pretendiendo en El Salvador), embargos, etc., dado que la oligarquía no permite promover otro programa que vaya en contra de sus intereses; sin embargo, lo peor sería “no luchar por el control del poder formal, para el caso el ejecutivo”.

La ‘Tierra media’ en la disputa

Fuera de toda retórica o de teoricismo abstracto, los movimientos de la región se verán en el dilema de apoyar la disputa por el poder político, por gobiernos con estas características de sumarse a la oleada de movimientos que sin estar consientes se subordinan a los intereses de la burguesía internacional.

Como en el caso de Nicaragua y El Salvador, la reactivación productiva ha sido necesaria para la aplicación de políticas sociales en educación y salud, lo que los retrógradas llaman de “gasto social” o aún de “despilfarro de las arcas del Estado”, y reducir de esa manera la tendencia de endeudamiento y de especulación fiscal. Aunque con evidentes contradicciones como en el caso de El Salvador que recientemente aprobó un préstamo por $60 millones de dólares para financiar un programa de agricultura familiar

Es probable que para el capital internacional, la región no sea más que la receptora de sus excedentes, sin embargo las relaciones comerciales con EEUU y de la UE han sido vitales para mantener cierto flote de las economías nacionales. La decisión está entre mantener este tipo de relaciones subordinadas o establecer relaciones solidarias con los países del sur en equidad de condiciones.

Por ello Centroamérica se encuentra en el dilema de apegarse a un neodesarrollismo de derecha que es abiertamente imperialista o al neodesarrollismo de izquierda que es una alternativa contrahegemónica aun dentro de los límites del capitalismo.

Documentos consultados

ARMSTRONG, Robert y RUBIN, Jane. El Salvador (El rostro de la revolución). UCA Editores. 8ª edición. El Salvador. 2001.

CEPAL. (2012). Balance Preliminar de las Economías de América Latina y del Caribe. Comisión Económica para América Latina y el Caribe. 2012.

GLAUSER, Marcos. (2010). Paraguay: Extanjerización de la tierra y del territorio. En: Resistencias populares a la recolonización del continente. Centro de Investigación y de Formación de los Movimientos Sociales Latinoamericanos. Editorial América Libre 1ª Edición. Buenos Aires.

GUERRA-BORGES, Alfredo. (1993). El desarrollo económico. En: Historia general de Centroamérica. De la postguerra a la crisis. tomo V. Héctor Pérez Brgnoli (Ed.) FLACSO. Madrid

HARVEY, David. (2004). El “nuevo” imperialismo: Acumulación por desposesión. Social Register.  CLACSO. Buenos Aires.

MARINI, Ruy Mauro. (1977). La acumulación capitalista mundial y el subimperialismo. Cuadernos Políticos nº 12, abril-junio. Ediciones Era. México.

SVAMPA, Maristella. (2010). Entre la obsesión del desarrollo y el giro eco-territorial. Luces y sombras de una problemática. En: Resistencias populares a la recolonización del continente. Centro de Investigación y de Formación de los Movimientos Sociales Latinoamericanos. Editorial América Libre 1ª Edición. Buenos Aires.

TOLKIEN, JRR. (2002). El Señor de los Anillos I. La comunidad del anillo. 34ª reimpresión. Ediciones Minotauro. Barcelona.


[1]               Educador popular salvadoreño. e-mail: erick.ajmaq@gmail.com

[2]              Utilizo una figura de la historia escrita por Tolkien para referirme a Centroamérica, no por sus similitudes culturales, sino como sinónimo de su ubicación geográfica dentro del continente americano; aunque ameno es el pasaje que dice: “… y allí, en ese placentero rincón del mundo, llevaron una vida bien ordenada y dieron cada vez menos importancia al mundo exterior, donde se movían unas cosas oscuras, hasta llegar a pensar que la paz y la abundancia eran norma en la Tierra Media, y el derecho de todo pueblo sensato” (TOLKIEN, 2001, p. 15)

[3]              Existe un debate sobre si el modelo es neodesarrollista o extractivista exportador, yo utilizo la figura de Svampa (2010) que sugiere el concepto de “neodesarrollismo con base extractivista”.

[4]              “Para el caso salvadoreño debemos hacer mención que todas estas condiciones favorecieron también la introducción de capital extranjero quienes vieron potencial para colocar sus empresas, es así como hacen presencia compañías cuyo capital de origen se encuentra en los países centrales, algunas de ellas aparecieron con otros nombres para aparentar ser de origen salvadoreño entre las que podemos mencionar: Toyo Spinnig (Industrias Unidas S. A.) de Japón; Pillsbury (Molinos de El Salvador) de EEUU; Brittish American Tobacco (Cigarrería Morazán) Reino Unido; Unilever (Industrias Unisola) R. U.-Holanda; Westinghouse Electric, Kimberly Clark; Monsanto de EEUU; Bayer Foering Investments de Alemania y una serie de empresas quienes se instalaron desde mediados de los años cincuenta y sesenta.” N. de A. 

Anúncios