Después del golpe en el Paraguay: Por una verdadera Revolución Cultura en América del Sur.

Por Fernando Marcelino

Un espectro ronda nuevamente a América del Sur: el riesgo de los Golpes de Estados. El golpe hecho en contra al gobierno del Fernando Lugo es una señal de alerta para las democracias y gobiernos de América del Sur.

No son golpes de Estado parecidos con aquellos de la década de 1960 y 1970, pues no buscan crear estrictamente una dictadura militar. El novedoso de los “nuevos golpes” de Estado en la región, son golpes de “Estado democráticos” que, por más que tengan un contenido golpista, son respaldados por una retórica de democracia liberal. Honduras ha dado el inicio a ese nuevo ciclo, por más que anteriormente tengan existido otros intentos en la región, como en Bolivia (2008), Ecuador (2010) y Venezuela (2002).

En el caso de Paraguay, son grupos conservadores que están se aprovechando de un evento para desestabilizar el gobierno, una especie de golpe disfrazado de “legalidad democrática”. Como dice Rafael Correa, en el Paraguay se quiere destituir a Lugo con “formalismos legales”, por más que existan diversas evidencias que están rompiendo todos los procesos posibles.

¿En fin, fue un golpe, o no?

Un nuevo golpista de Paraguay, Federico Franco, ha convocado en ese sábado una conferencia de prensa en la oficina de gobierno en Asunción para negar que hubo un golpe en el cambio de poder en el país. Él dijo que, “en Paraguay no hubo quiebra del orden institucional, ni golpe, pero si un cambio de poder ajustado por la Constitución y por las leyes”. Eso es lo mismo que dice el fascista brasileño Reinaldo Azevedo de la revista brasileña Veja. Según él, Lugo “destituido de acuerdo con la Constitución democrática del país (…) En Paraguay ha triunfado la ley. Es tan evidente la relación de Fernando con los dichos sin-tierra, convertidos en fuerza terrorista, que los días a más para la defensa no harían diferencia en el mérito. En el máximo, alargarían el tiempo del dudas y daría tiempo para la articulación de las tentaciones, estas sí, antidemocráticas que buscarían mantener Lugo en el poder en la base del grito (…). Lo mejor que ese   ex-obispo hacedor de hijos tiene a hacer es salir sin resistencia. El sistema democrático puede sobrevivir sin él”. Golpista es golpista, sea en Brasil, Paraguay, Venezuela, Bolivia, Argentina, Perú, Honduras, México, Ecuador, Uruguay u otro país de América.

Ya en los Estados Unidos, a ejemplo de Honduras en 2010, aceptaran el nuevo gobierno paraguayo diciendo que “reconocen el voto del senado paraguayo por la destitución del presidente Lugo”, además de pedir “para que todos los paraguayos actúen pacíficamente con calma y responsabilidad, dentro del espíritu democrático”.

La derecha usa del cinismo para argumentar sobre el golpe en Paraguay. Ella sabe que es un golpe, pero actúa como si fuera un acto constitucional, legal y legítimo. Para la izquierda eso no puede ser negociable: ¡Es un golpe de Estado! ¡Es completamente inconstitucional y necesita ser combatido! El Paraguay se ha vuelto un Estado Ilegal, fruto de un golpe de Estado, y así debe de ser tratado por la comunidad del Cono Sur, de América Latina y del Mundo.

El golpe de Estado exprés en Paraguay es muy peligroso. Es un precedente para toda la región. La derecha está aprendiendo a utilizar de la “legalidad burocrática” para sacar  los gobiernos progresistas de la región. Con ese golpe, somos obligados a acordarnos que los enemigos del pueblo se mantienen activos y que no tiene compromiso algún con la democracia en la región.

En Ecuador de 2010, lo que parecía un levantamiento de policiales por razones salariales, ha asumido características de un golpe de Estado. Fuerzas policiales ocuparon estaciones de la Policía, puestos de la frontera, algunas carreteras y el aeropuerto de Quito. Cuando Correa fue a uno de los cuarteles policiales para cuestionar el movimiento, fue golpeado por bombas de gas lacrimógeno. Cuando fue llevado al hospital, han disparado a su carro y el establecimiento fue cercado por policiales. Después de horas de conflicto, el presidente fue rescatado por fuerzas del ejército y de batallón de élite de la policía.

En Brasil, durante el primer año del gobierno de Dilma, la derecha ha utilizado una nueva estrategia, buscando imponer un ahorcamiento en la máquina gubernamental a través de ataques a ministros y altos funcionarios con foco en la corrupción.

En Bolivia un reciente motín de policiales se asemejaba a un “escenario de golpe”, en declaración hecha en ese sábado, día 23. El motín policial ha empezado cuando los manifestantes han hecho la toma de la oficina de la policía de combate en protesto del país y otras ocho unidades.

Posteriormente, el movimiento se ha alargado por varias otras unidades del país y centros de comando. En viernes, un grupo de 300 policiales en huelga, vestidos con ropas civiles y con los rostros cubiertos, atacaron al Centro Nacional de Inteligencia, destruyendo ventanas y tirando muebles, documentos y computadoras. En la secuencia, 300 manifestantes dispararon piedras y dañaron ventanas en la oficina de la policía nacional. Liderazgos de derecha y sectores de los medios de comunicación vienen estimulando la radicalización de huelga para desestabilizar el país.

Por fin, el golpe de Estado en Paraguay es un nuevo alerta para los gobiernos de la región, un momento límite en nuestra historia. El único modo de actuar dentro del espíritu democrático es luchar contra el golpe de Estado.

Tal vez, la principal lección del golpe en Paraguay es la necesidad imperiosa de una verdadera Revolución Cultural en América Latina, que busque eliminar a los enemigos del pueblo: los golpistas. Ellos están concentrados en los partidos tradicionales de derecha, en los monopolios privados de los medios de comunicación, en el Judiciario, en las milicias y otros sectores sociales.

Contra un Estado Ilegal, fruto de un golpe, es legítima la creación de milicias populares, un Movimiento Latino-Americano por la eliminación de los golpistas. Nuestro deber es juzgar los golpistas y sus apoyadores. Es un momento que en toda América debe movilizarse en defensa del pueblo paraguayo. Es necesario acabar con los viejos hábitos golpistas, la vieja cultura golpista, las viejas ideas golpistas y los viejos costumbres golpistas. La derecha golpista está muriendo, y por eso parte para la ofensiva. Ella todavía tiene mucha fuerza, pero está quedando sin salida. Los golpistas están en la UTI de hierro. La izquierda, sin embargo, no puede quedar esperando la muerte natural de esas bolas de hierro. Es necesario apagar la máquina que todavía la mantiene viva y preparar la ofensiva antes que ella haga más locuras y más golpes de Estado. 

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