Las tareas en los procesos de formación política

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Por: Erick Barrera Tomasino

La formación política es la puesta en común de prácticas, experiencias, conocimientos y saberes que aportan a la acción política; son parte integral de la organización que busca fortalecer la construcción de un proyecto de sociedad. Es la dimensión pedagógica de la lucha por el poder, de la emancipación de los pueblos si ésta es a favor de la causa popular.

En ese sentido, la formación política es parte de la estrategia de las organizaciones, no es un hecho aislado -aunque muchas veces en la práctica suceda así- y debe ser intencionado desde las organizaciones populares. Aporta con ello a un mayor nivel de comprensión de la realidad y a construir las pistas por donde puede transformarla; tiene que ver con los objetivos de la organización tanto inmediatos como estratégicos.

No obstante, algunas organizaciones, en sus procesos formativos, se reservan espacios para lo que particularmente entienden como “formación política”, el cual se limita en diseñar un proceso casi virtual para juntar a la militancia en un lugar y tiempo específico, dedicados a la revisión de temas y contenidos y abordar de esa manera aspectos que no necesariamente tienen que ver con las necesidades orgánicas. Muchas de estas experiencias se resumen en la noción de “taller”; de ahí que se conciba que la formación política solo se dé en esos espacios y se asuma la exclusividad de ellos para “formarse políticamente”. Es por ello que queremos aportar algunos elementos sobre las tareas en la formación política.

Formación política popular

Quien decide hacer formación política, lo hace con la intencionalidad de fortalecer a la militancia de la organización popular o ayudar a las personas a elevar su nivel de conciencia, de comprensión de la realidad, para actuar sobre ella. Es un paso donde ya reconoce que las transformaciones no son hechas por una sola persona y por ello es necesario fortalecerse en la colectividad.

Aun con ello, no pocas veces se cae en la simplificación de reunir a los militantes, invitar a alguien de la dirección –o incluso alguien ajeno a la organización- a que nos diga qué debemos hacer, asumiendo un análisis preestablecido de las cosas, o leer sin ninguna pauta algún texto y, en el mayor de los casos, hacer una suma de opiniones para darle un carácter de “participativo” a la jornada.

La formación política no es exclusiva de los talleres, si bien este es una modalidad privilegiada, pues facilita la construcción colectiva, es también el lugar y momento donde de manera consiente e intencionada se discute, se construye, se asumen la estrategia y las tareas para llevarla a cabo. La formación política tiene que ver con preparar a las personas para la acción política concreta en cualquier coyuntura. Mismo si esta es de enfrentamiento directo contra los adversarios políticos o de acumulación de fuerzas.

Tareas “intertaller”: tareas para la acción

Como lo hemos dicho, una de las modalidades generalmente asumida para la formación es la de “talleres”; de ahí que a los compromisos asumidos en los intermedios de un taller y otro, se les nomine como “tareas intertaller” o “prácticas intertaller”. Lo cual presupone que es donde se materializa en lo cotidiano de la organización y la acción, los nuevos aportes y aprendizajes del proceso de formación política.

La práctica intertaller, es parte de la actividad de formación, tiene que ver con la vida cotidiana dentro del trabajo organizativo y comunitario que realizamos, no es -o no debiera ser- una tarea extra que se hace para satisfacer al facilitador como la escuela tradicional nos enseñó. Tiene que ver con lo que nos es útil en este momento para la lucha popular. Es reforzar lo que ya estamos haciendo de manera cualificada. Es encontrar los caminos más acertados para el trabajo popular.

Las tareas y el trabajo popular

Entonces, la formación y las tareas asumidas sirven a la lucha popular, la cual es una reacción justa contra la explotación, la dominación y la opresión; para ello hay diferentes reacciones que pueden ser pacificas o violentas, individuales o colectivas. Asumiendo que los militantes no inventamos la lucha, sino que es el pueblo quien la hace.

De tal manera que la formación política impulsa a realizar de manera consciente el trabajo de base, es decir, orientar al pueblo hacia donde va la lucha. Este es el sentido del trabajo popular, puesto que la reacción debe pasar de espontánea a una reacción organizada y eso supone de una estrategia que requiere de planificación.

El trabajo popular se divide en trabajo político y trabajo de masa. El trabajo político es el que está hecho por militantes, requiere de ética, de compromiso, de ímpetu, es un trabajo a largo plazo, tiene que ver con la preparación de sujetos que están conscientes de la lucha y de los objetivos, del proyecto por el que se trabaja quienes lo impulsarán hasta las últimas consecuencias.

El trabajo de masas, lucha por la multitud, tiene que ver con cantidad, con develar cada día más las vendas que impiden al pueblo a ver con mayor claridad una realidad que le oprime y le explota. Se mueve por un interés inmediato, toca lo más inmediato de las personas, se ubica en relación a sobre qué es lo que se quiere ganar o qué es lo que no se quiere perder. Ambos, el trabajo político y el trabajo de masas, suponen el trabajo popular.

Los objetivos en el trabajo popular

Hay dos grandes objetivos en el trabajo popular: en primer lugar es el de resolver lo problemas de lo cotidiano de la gente; en segundo lugar, el trabajo popular pretende sacar militantes para la causa popular, además de descubrir las raíces de la explotación y de la dominación.

Para hacer trabajo de base se necesita estar junto al pueblo, tener claro el rumbo, se debe tomar en cuenta saber dividir bien las tareas y tener propuestas adecuadas en cada momento. Solo quien es militante hace trabajo de base, es quien vive y se ubica en determinado territorio o espacio (una fábrica, una cooperativa, una comunidad…) esto le permite estar próximo al pueblo y tener contacto con el. Es ahí donde obtiene datos que son útiles para construir o hacer avanzar una estrategia. Tiene que ver con la historia del lugar donde milita, el lenguaje, los códigos del grupo donde hace trabajo; con ubicar el lugar en la producción de las personas con quien trabaja, donde se adquiere identidad de clase; pero también es ahí donde reconoce las carencias del grupo o lugar que son las necesidades a ser resueltas. Pero además es ahí donde se descubren los potenciales militantes que fortalecerán a la organización para el trabajo popular.

Entonces, este trabajo implica realizar acciones, puesto que el trabajo de base no se hace en reuniones, enconchados en un cubil apartados de la realidad. Es en las acciones donde se construye el proyecto popular. Es en el trabajo popular donde se fortalece la organización, donde se asume la distribución de las tareas de manera más acertada. Para ello se requiere de habilidad, gusto personal y necesidad por hacerlo. Es sentir en la propia piel la necesidad de erradicar las relaciones de explotación y de dominación. Y por supuesto es ahí donde también se hace formación, donde se ayuda a la gente a producir y a reproducir el conocimiento.

Acción y creación. El arte del trabajo popular

Si bien la práctica nos lleva a reconocer hasta donde podemos llegar, esto también implica reconocer que podemos hacer más. Es ver nuestras capacidades y fortalecerlas; es ahí donde descubrimos nuestras carencias y buscamos la manera para superarlas. Es formarnos en la práctica concreta. Aun conscientes que los resultados no dependen solo de nosotros mismos sino depende de la motivación de las personas, del compromiso, puesto que es un camino colectivo. La práctica nos convida a hacer uso de toda nuestra creatividad. No hay una sola forma de hacerla, las posibilidades son infinitas.

Las tareas en los procesos de formación política, van dirigidos a fortalecer las capacidades de la militancia de las organizaciones populares; es por ello que acercan al conocimiento científico que tiene que ver con la economía, la historia, la cultura popular; así como la de proponer herramientas metodológicas, de cómo organizar y dirigir una reunión, como dar cuenta de lo que hacemos a nuestros compañeros, como abordar los espacios de toma de decisiones y como operativizar las decisiones en la práctica cotidiana. Es decir, es prepararnos para saber actuar en cualquier coyuntura.

Variedad en las modalidades

Si suele ser concebida la formación política como una serie de talleres o reuniones, no es extraño que se asuman las tareas de formación bajo esa misma modalidad; de ahí que muchas veces –sobre todo en el discurso de las ONGs- llamen a esto de hacer “réplicas” en el sentido de hacer una copia casi exacta del taller de donde se originan las tareas lo cual obstaculiza la ejecución del trabajo popular argumentando que “no hay recursos para hacer el taller” o “no nos sentimos capaces de dar la charla”.

De ahí que debamos insistir que las tareas en los procesos de formación tienen relación con el trabajo popular, del momento en que se encuentra la organización, en la militancia y que esto presupone que las modalidades para llevarlas a cabo derivan de las condiciones concretas, materiales y subjetivas que permitan ejecutarlas, en función de los objetivos.

Las modalidades pueden variar en encuentros, seminarios, foros, reuniones, círculos de estudio, intercambios; así como acciones de evaluación de una movilización o la convivencia en la fiesta popular con elementos que ayuden a la comprensión de la realidad y aviven la esperanza.

Es por ello que estas pueden ser tareas que tengan que ver con la investigación, la búsqueda de datos para el trabajo organizativo, así como la revisión de la historia -principalmente la que tenga que ver con la historia de la lucha de clases en cada país y a nivel mundial-. Tareas que tengan que ver la recuperación o la promoción de la mística revolucionaria, a la revitalización de la cultura popular. Tareas relacionadas a la creación artística, la aplicación técnica y la elaboración científica.

Y obviamente esto dará resultados si realiza con ética, conciencia, ímpetu y optimismo. No obstante es en la práctica misma donde tiene que resultar.

San Salvador, El Salvador. Junio de 2012.

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