Guatemala: Rabia urbana.

Por Christian Echeverría

El ex oficial de Nebaj, del Estado Mayor y general retirado; fue electo con 2 millones 300 mil 874 votos válidos (53.74%) en segunda vuelta. Casi la mitad, solo en el departamento de Guatemala, que
representa el 25% del padrón electoral.

Hoy debido a la precariedad en el campo impulsada por la estructura económica; muchísimos guatemaltecos/as son empujados/as a la urbanidad. Nuestra convivencia social interétnica es mala como siempre, pero la crisis la empeora y competimos por menos recursos.

Bajo el presente sistema económico mundial y nacional, la gente es más infeliz. Hay mucha gente infeliz en la urbanidad guatemalteca.  Como mestizo urbano de clase trabajadora, me muevo por centros comerciales dirigidos a la misma capa social, con el propósito de adquirir los productos y servicios que los escasos ingresos hogareños permiten semanalmente. Mi incursión por la tienda transnacional; me hace interactuar con una masa gris. Empleados temerosos y tensos en las relaciones sociales, guardias de seguridad privados nerviosos, programados para ver a cualquiera que no sea, se vea o actúe como debe verse y actuar todo el mundo; como un enemigo interno, como un delincuente.

En bancos o universidades privados, revisan mochilas y caderas, buscando armas mortales diabólicas, pero solo a algunos. Se ven consumidores serios, asustados, el miedo impone el clima afectivo colectivo, la desconfianza se siente, es algo subjetivo. Pero sobre todo, se percibe algo en el ambiente, en los cuerpos y lenguajes, la  mirada, las palabras, se huele algo: una rabia. ¿Por qué?

Quienes aquí vivimos y disponemos de algunas herramientas psicológicas para interpretar comportamientos, lenguajes no verbales y verbales, acciones sociales e institucionales; podemos aventurarnos a interpretar, de ello somos parte. El sistema nos ha mentido muchas veces, y eso construye rabia.

La primera mentira, es que se no ha dicho que somos ciudadanos libres, que podemos elegir los bienes y servicios que necesitamos, la profesión y trabajo, los gobernantes que nos representen dignamente, que vivimos en democracia, que esto no es Cuba. Pero trabajo no hay, salvo para unos pocos, las tierras que antes mal poseíamos, ahora son de un terrateniente al que debemos vender trabajo precario. ¿Comer?, muchos no comemos bien. Elegir entre la inmensa oferta del mercado, es una burla a la inteligencia, consumir es un milagro. ¿Elegir representantes que sean nuestra voz en la sociedad?, sin comentarios.

La segunda mentira (tal vez la más dolorosa), es que se nos enseñó que la felicidad del ser humano radica en su libertad individual para consumir. Que el consumo es felicidad.

La especulación de las elites financieras que gobiernan el mundo, hace muy difícil que el aparato productivo genere más bienes, servicios y trabajo, mercancías a precios accesibles a los mercados internos de consumo. Ya no hay concentraciones primarias de capital productivo locales, solo especulación, y por este hecho; los “ciudadanos libres”
estamos de rodillas.

Los capitales agroexportadores acaban con la economía local, que antes al menos alcanzaba para el autoabastecimiento y el comercio comunitario y regional. Así  contaron algunos campesinos de Las Dos Erres en una audiencia, que denunciaban como ya no tenían más tierra, despojada a su retorno de la huida de la muerte, por los antiguos
masacradores, donde hoy se trabaja ganado en tierra ajena y antes había milpa y frijol. O una señora en un bus de Sacatepéquez, muy pobre, donde antes se sembraban alimentos, y hoy hay monocultivos dijo. La soberanía y seguridad alimentarias, otra mentira maravillosa.

Donde los profesionales jóvenes como yo, incluso con más de un titulo profesional; no encontramos trabajo desde hace mucho, y nos vemos empujados al subempleo (a cambiar ocupación) para obtener ingresos, y vemos el sueño de la independencia económica como otra mentira. Donde mientras más alto es el perfil requerido; mas clientelar y subjetiva
se vuelve la selección, objetividad de la que se jacta el sistema de recursos humanos de las empresas u organizaciones estatales y no gubernamentales.

Pero el sistema jamás ha sido racional, es una guerra total por todo, por el ingreso, el trabajo, el conocimiento, etc. Por cierto, su racionalidad, sería otra mentira. Entonces, a la gente se le ha mentido demasiado y por eso está amargada, frustrada y mal encarada. La gente es cualquier cosa menos libre y sin duda que al no poder consumir, tampoco es feliz. Fue programada para ser feliz, solo si consume.

La tercera mentira de la ciudad, es que se nos dijo que el mundo nos pertenece, y que nuestra cultura ladina es la mejor, la única. Que nuestro apellido es español, “indio” ¡jamás!!. Pero resulta que convivimos con gente distinta, que el país tiene otros pueblos también, entonces el individuo urbano se vuelve a frustrar, porque ve que su cultura ni es mejor que la de otro, ni es la única. Se confunde y a lo ya dicho, se suma más rabia.
Debido a la cuestión étnico-nacional, la contradicción indígena-ladino; la convivencia social se complica más, porque en
estos centros urbanos el mundo ladino es el hegemónico y sus valores también. El individuo (que no es lo mismo que sujeto), es aquí egoísta, impaciente, egocéntrico y etnocéntrico. Racista, alienado, violento, neurótico, incapaz de autoregularse como base para convivir con el otro, o de postergar ante la crisis sus caprichos consumistas,
más allá de lo necesario, entonces el impulso terrible de la codicia aprendida, insoportable muchas veces; le empuja a la violencia y a la corrupción.

Este individuo aislado, idolatra cantautores nacionales, que se vuelven ricos, millonarios en otros países; porque este individuo ladino que sale en las megacampañas, se parece a él, se ve como él, y aspira a ser el, !a comerse al mundo!!! Que es de él. La solidaridad es insurgente.

Este individuo caprichoso, inmaduro, racista y violento; sufre de rabia, una rabia que vuelve tensas sus relaciones sociales. En psicología hay un viejo principio que dice que hay que poner en palabras lo que se siente, pero esta rabia de la ciudad, es una rabia urbana.

FUENTES PARA EL ARTÍCULO:
•       Alonso, Areli (7 de noviembre de 2011). LaHora. El voto urbano dio
el triunfo a Pérez Molina. Consultado el 23 de abril del 2012, desde:
http://www.lahora.com.gt/index.php/nacional/guatemala/elecciones-2011/147152-el-voto-urbano-dio-el-triunfo-a-otto-perez-molina
•       Fromm, Erich (s/f). Psicoanálisis de la sociedad contemporánea.
•       Naveda, Enrique (10 de septiembre de 2011). Plaza Pública GT. Por

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