Monos con Ropa

Luis Borja

Iguanas&Rock era el bar de nuestra preferencia, era un bar sencillo donde podías llegar tranquilamente y encontrar a la misma gente, al viejo andropáusico y sus historias de viajes, teorías económicas y una que otra estrategia para bailar;  la imitación barata de Britney Spears, y uno que otro cocainómano que  te encontrabas en el baño; en fin, las mismas caras, las mismas mañas, las mismas sillas y las mismas luces agónicas que iluminaban aquel garaje que para nosotros siempre fue como el mejor lugar para hacer una plática amena como un grupo de apoyo, aunque nosotros siempre dijimos que eran charlas de alcohólicos despechados, de los malditos amargados que éramos, en fin eran charlas de amigos y cerveza.

Es viernes y es día de fiesta,  el bar esta repleto como de costumbre, el cetáceo de Henry, el dueño, al que todos saludan fraternalmente menos yo, no da abasto para cubrir tanta gente, Henry no es tan malo porque pone música de Cerati y The Doors, eso lo hace un poco soportable. Henry hace muecas a su ayudante, parece un mimo de Botero, le dice que se apure, que las cervezas están listas, que cuantas bocas eran, que si era pan con ajo o qué putas. La fiesta se siente como todos los viernes.

El Flaco, el Dr. Facebuuk y yo pedimos las primeras tres cervezas y empezamos nuestra charla con la normalidad de todos los viernes. El Dr. Facebuuk nos dice que ha estado saliendo con una chica que conoció hace poco que todo ha ido bien, que la han pasado de lo mejor, la playa, los viajes, cerveza y sexo, ¿que más puedo pedir?-nos dice- y bebe de su cerveza, yo interrumpo casi de inmediato, como desahogo, les digo que me hace falta mi hijo, que tengo 6 días de no verlo, que sigo amando a mi ex-esposa  pero que estoy harto de reinventarla, que tarde o temprano la voy a matar bla bla bla bla bla bla bla parece que nadie me pone atención y callo. Que se vaya todo a la mierda!!!!!! les digo. Les da risa, me dicen que me calme y pedimos otras tres cervezas.

El Flaco nos dice que sigue enamorado de  su amiga, le  pregunto si es la que se parece a Rory Gallagher, me dice que si, pero que está decidido a ya no decirle nada, que es mejor estar así, que por lo menos así puede seguir asistiendo a las fiestas con ellas y sus amigas, le pregunto si siempre va Katherine, la chica que nunca leyó el poema que le hice. Me dice que si, que siempre va ella. Le digo que es curioso que cada viernes que yo llego al bar ella no llega, que quizá Rory Gallagher le ha de decir que ando yo por allí, el Flaco me dice que no le diga así a su apreciada Beatriz y  que me deje de paranoias. Pedimos otras tres.

Sincronizadamente con el chasquido del brindis de nuestras próximas víctimas etílicas, se escucha la voz chillante de Marcos saludándonos. Marcos es un espécimen raro, entre medio médico, medio reportero, medio cineasta. El Dr. Facebuuk le pregunta que se había hecho, que teníamos días de no verlo por el bar, Marcos nos dice que estaba trabajando en un diagnóstico para una ONG, que ahora era medio consultor de proyectos. Marcos nos dice que viene del Sihuana-Bar y que estaba atorado de mujeres. Bebimos apresuradamente y nos  fuimos.

El  Sihuana-Bar era un lugar tranquilo por las tardes idóneo para ir a tomarte un buen café embriagándote con la voz de Ella Fitzgerald. Pero los viernes por la noche se volvía una discoteca que ponía salsa, merengue, cumbias y hasta reguetón. Marcos decía que lo hacían para poder satisfacer los gustos o fantasías de los extranjeros. Y es que los viernes era precisamente eso, un lugar lleno de extranjeros con ganas de bailar cualquier ritmo tropical para cumplir sus fantasías de indianajonescas e inundar el ambiente con su olor a leche rancia.

Entramos y nos fuimos directo a la barra, pedimos cuatro cervezas y empezamos a sonreír  y mover la cabeza al compas de una cumbia. Dimos la ronda de revisión y encontramos a Katherine y Beatriz, las saludamos y  nos quedamos con ellas. El Dr. Facebuuk había encontrado a una vieja amiga admiradora de Carlos Vives: estaba tirada al “ballenato”. Marcos le había sonreído a una española y ahora le comentaba sus hazañas en el ámbito cultural, de sus viajes y de sus cortos cinematográficos, la tipa parecía asentir casi por compromiso, no creo que en ese instante ella quisiera escuchar el panorama cultural de este país de mierda. El Flaco invitaba a Beatriz a bailar y ahora la seducía con su  paso del conductor y el ahogado y cuando podía le hablaba al oído. Katherine y yo bailábamos también, nos enredábamos con las manos y movíamos la cadera cuando podíamos, no se cuantas veces la pisé, ni cuantos codazos le di, pero yo me sentía todo un “latin lover”, una especie de Jim Morrison salsero.

Le pregunté a Katherine por qué no había leído el poema, ella sonrió burlescamente, ustedes siempre quieren conquistarnos con poemitas y cancioncitas, me dijo, le sonreí y le dije: es que ustedes siempre piensan que uno quiere conquistarlas, el arte en este puto país sólo sirve para una cosa: para conseguir sexo, uno lee poemas en cualquier bar para ver a cuantas se cogerá en la próxima semana. Me dijo que éramos una bola de cínicos, me bofeteó y le dijo a Beatriz que se fueran, que al parecer también había tenido problemas con el Flaco porque ya se encontraba bailando con otro tipo y el Flaco sentado sonriendo como en una especie de trance bebiendo al lado de la barra. Y allá iban las dos chicas a quitarse el enojo en los brazos de cualquier otro alcohólico en cualquier otro bar.

El Dr. Facebuuk seguía bailando con su amiga y bebiendo cerveza como bestia. Marcos ahora le comentaba sus  hazañas a una alemana. El Flaco y yo nos disponíamos a abordar a dos nenitas que acaban de sentarse junto a nosotros. Las invitamos a  bailar y las chicas accedieron. Eran holandesas y bailaban como si tuvieran epilepsia, nosotros no nos quedábamos atrás, nuestro baile era una imitación cumbiera del de Forrest Gump. Bailamos casi toda la noche, con holandesas, alemanas, españolas y suecas, y una que otra mexicana. Al final no cuadramos nada con ninguna. Era momento de regresar a nuestro estado natural, volver al Iguanas&Rock. Pero antes pasamos al centro comercial a comprar una botella de vodka y la apuesta fue terminarla en dos canciones: entre L.A. Woman y Light my fire.

Al entrar de nuevo al Iguanas&Rock todo parecía igual, el cetáceo saludando y sonriendo tontamente, y los meseros corriendo de una lado para otro, el viejo andropáusico siempre con la imitación barata de Britney y una que otra gente nueva. Tomamos la mesa que siempre tomamos y empezamos a charlar. Marcos nos cuestionó con su voz chillante, que por qué no habíamos cuadrado con las chelitas, el Flaco le dijo que por lo mismo que el con la españolita y la alemana, y todos callados como preguntándonos el por qué.

El Dr. Facebuuk, nos dijo que era sencillo, que no nos atormentáramos y nos empezó a dar sus estrategias de seducción vía chat, nos dijo que todo era sencillo. Además, asintió, tocándose su barba y sonriendo  retorcidamente, con las chelitas hay otra técnica, antes de venir a este país mugriento,  las chelitas piensan que vivimos todavía  bajo una palmera y comemos cocos y monte, entonces ellas se preparan para eso, ellas quieren sentir ese sudor fuerte y olor a monte, a pachuli o mariguana, ellas buscan esa extravagancia, oír que les hablan de la buena vibra, del amor y la paz y todas esas idioteces  que se inventan, de que las piedras tienen poderes, que son restos mayas, que pueden hablar nahuat o todas esas pendejadas que les encula escuchar. Eso es lo que les gusta a ellas, ellas buscan un mono con ropa, que baile, toque tambor  y se invente todas esas mierdas sobre piedras y buenas vibras.

Todos pedimos las próximas cuatro mientras Marcos inundaba con su vómito la mesa de aquel agonizante bar.

De  Ciudad Plástica(2012)

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