Otra Izquierda es Necesaria (1)


Marco Antonio Álvarez Vergara (2)



       “Otra izquierda es necesaria”, corresponde al primer documento de discusión del naciente “Movimiento Libres del Sur de Chile”. Un grupo de compañeras y compañeros que hemos venido trabajando desde lo político y social hace un tiempo, hemos decidido emprender el camino de fundar un nuevo referente orgánico, con domicilio permanente en los intereses de los sectores populares. La fundación de Libres del Sur no la asumiremos como un acto concreto de nuestra historia, sino como una etapa que se prolongará lo que sea necesario y donde utilizaremos la discusión como principal herramienta de aceleración de ésta. De lo anterior se desprende la negativa de tener una declaración de principios o cualquier material interno medular, por no ajustarse al ADN de nuestra organización, que en este caso es la discusión fraterna y próspera. Sabemos que el desafío en la forma que lo trazamos en esta primera etapa no estará exenta de complicaciones, pero nos mueve la más profunda convicción de haber optado por el camino correcto. Los documentos de discusión serán elaborados por la militancia sobre temáticas concretas, concernientes a elaborar nuestra política interna, pavimentando el camino hacia la primera conferencia de Libres del Sur. También serán incluidos los documentos que de forma externa o en instancias de acercamiento hacia nuestra organización -siempre bajo las lógicas del respeto- quieran hacer un aporte al desarrollo de este proyecto.

       La presente temática tiene por objeto poner en el debate a la “izquierda” desde dos ángulos muy distintos. El primero, es realizar un breve análisis desde una perspectiva crítica a la realidad de las izquierdas chilenas y el segundo es esbozar una propuesta de caracterización sobre la construcción de la  izquierda que necesitamos. El objetivo, no es otro que incentivar el inicio del debate.

       Vivimos en un país que está cambiando a pasos agigantados. La anestesia neoliberal imperante en las últimas décadas, que ha buscado silenciar a las mayorías, cada día que pasa pierde sus efectos. De forma intempestiva para la clase dominante, ha vuelto a despertar un pueblo sediento de justicia social. Esto se acompaña de una crisis de legitimidad del sistema político chileno –que se volvió endémica- y aparejado de una de las peores crisis del sistema capitalista global, que está de rodillas frente a los nuevos paradigmas de lucha que brotan en el mundo entero.

       Este escenario fértil en las luchas por un Chile mejor, tiene como protagonista a nuevas generaciones de jóvenes, que poseen como común denominador el total rechazo de las formas e intereses en los cuales se mueve la política orgánica tradicional, en su amplitud ideológica.

       En este proceso de cambio, hay que dar un paso hacia adelante y aprovechar esta intempestividad, emplazando a los nuevos  protagonismos del siglo XXI a construir las nuevas herramientas políticas para la transformación de la sociedad. Entiéndase éstas en plural.

Las Izquierdas Chilenas.

 

       Estamos convencidos que hay algo en lo cual toda la militancia de la izquierda social chilena y gran parte de las otras izquierdas “consecuentes” por un proceso de cambio radical estamos en acuerdo: La Izquierda post-golpe de Estado, no se ha puesto a la altura de los nuevos tiempos. Es más, las izquierdas chilenas no han sido una alternativa política real al capitalismo, volviéndose algunas de ellas, funcionales a su desarrollo económico y social.

       Aunque las izquierdas chilenas tienen una misma matriz fundacional que data de los pasajes que nos entregó el cambio de siglo –del XIX al XX-  éstas se fueron diversificando con el paso de las décadas y constituyéndose como matrices culturales muy distintas las unas de las otras. Por eso el termino correcto es “izquierdas”.

       No es la intención contar la historia de las “izquierdas” en las líneas siguientes, sino hacer un paneo  general de las que existen en el Chile actual. Entendiendo de antemano  que los estereotipos nunca han sido buenos para poder entender la política.

       Nos encontramos con la izquierda concertacionista, que abrazó la Tercera Vía dando rienda suelta al proceso de profundización y legitimización del sistema neoliberal chileno. Por otro lado la izquierda tradicional, que de forma desesperada e histórica se ha limitado en los últimos 20 años a tratar de conseguir un cupo institucional. Hoy está de moda la izquierda “progresista”, que aún no ha demostrado nada y su actividad gira como satélite concertacionista. De la izquierda delirante, es poco y nada lo  que se puede decir de ella, más que no es ningún aporte específico al acontecer nacional. La izquierda social es las que aparece como protagonista  de las luchas de los tiempos actuales.

La Izquierda Concertacionista.

       Ésta tiene sus orígenes en el pacto de Concertación de Partidos por la Democracia, juntándose la Democracia Cristiana (DC) (3) con un partido histórico de la izquierda tradicional chilena –El Partido Socialista (PS) (4) – en su etapa de renovación y un partido que nace como instrumental –El Partido por la Democracia (PPD) (5) – que se asume de izquierda, acogiendo a las más extensa variedad de oportunistas, que vio con buenos ojos la viabilidad política de esta instancia.

       Esta izquierda en el proceso de transición a la “democracia”, aparentó ser una salida real a la injusticia social que había incubado la Dictadura Militar. Ya asumiendo el gobierno, participa activamente del proceso iniciado a fines de los años 70, que comenzó con la imposición a sangre y fuego del neoliberalismo. Tanto el PS como el PPD han sido gobierno por más de 20 años y se han sujetado a la hegemonía neoliberal. Han sido parte del proceso de profundización y legitimación del sistema neoliberal en Chile.

       La izquierda concertacionista ha tenido un éxodo importante de militantes y de sectores particulares. Esto se debe a la crisis de identidad interna, que se agudiza definitivamente con el triunfo de la Derecha en las últimas elecciones presidenciales. Este sector saliente, hoy está remando hacia las arcas del progresismo.

       Esta izquierda neoliberalizada, hoy busca una salida a su crisis interna. Aunque no se le puede negar su inteligencia política, es probable que ni su variedad de candidatos presidenciales, la puedan salvar de la ilegitimidad que arrastra, la cual se radicó en el inconsciente colectivo del pueblo chileno.

No mencioné al Partido Radical Social Demócrata, por no tener este un domicilio ideológico claro dentro de la política nacional.

La Izquierda Tradicional.

       Está representada principalmente, por la más longeva de las organizaciones políticas chilenas, El Partido Comunista de Chile (PCCh) (6). Este partido tiene sus orígenes en la segunda década del siglo XX y ha sido el más fiel exponente del Reformismo Chileno. Su tradición estratégica ha sido el “etapismo” y su historia nos muestra que ha tenido una promiscua política de alianzas.

       Desde que comienza su proceso de bolchevización a mediados de la década del 20, ésta respondió principalmente a las directrices de la política emanada desde Moscú, lo cual finaliza con la caída de la URSS.

       En la primera década de la era concertacionista, fue parte de una oposición crítica a su gestión, desplegando un trabajo territorial importante y una resistencia desde el imaginario a la maquinaria neoliberal.

       En la actualidad han llegado a conseguir tres diputados por pactos por omisión. Sus actuales socios son pertenecientes a la izquierda neoliberal y están en estos momentos negociando bajo el mismo método sus cupos a las alcaldías. En materia de trabajo poblacional, prácticamente no existen y se reduce al trabajo electoral. En el campo estudiantil, en el año de las protestas (2011), perdió la mayoría de las federaciones del país y ganó un alto nivel de desaprobación por parte del estudiantado, principalmente por sus políticas entreguistas. En el frente de los trabajadores siempre han tenido un arraigo importante, pero este sector no ha tenido una gran visibilidad en los últimos años. Su relación con los movimientos sociales es tensa, principalmente por su tradición de intentar instrumentalizarlos.

       Mientras que hasta los arrepentidos concertacionistas giran a la izquierda, ellos como siempre, se equivocan en el giro.

El Partido Socialista has sido integrante histórico de la izquierda tradicional, pero creo que para mayor claridad, es justo haberlo catalogado en la izquierda anterior.

La Izquierda Progresista.

 

       Es raro clasificar al progresismo en Chile, cuando todas las fuerzas políticas se consideran tal. Está bastante manoseado el apellido de esta izquierda, ya que al ser utilizado por la variedad del espectro político nacional, es complicado darle contenido específico a sus políticas.

       Me referiré a esta izquierda, por ser los que mejor se encasillan en ella, a todos aquellos sectores que emigraron de la Concertación por tener un crítica aguda a su actuar, principalmente a su falta de democracia interna y neoliberalización en gran parte de sus postulados. Este éxodo se ha dado en los últimos años y ha tenido repercusiones negativas para la Concertación.

La izquierda progresista está compuesta por organizaciones como el Partido Progresista (PRO)(7) liderado por Marco Enríquez-Ominami, quien en las pasadas elecciones presidenciales marcó un porcentaje histórico como tercera fuerza, entre la derecha y la concertación.  El Movimiento Amplio Social (MAS) (8) liderado por el Senador Alejandro Navarro. El Movimiento Amplio de Izquierda (MAIZ) (9) liderado por el diputado Sergio Aguiló. El Partido de Izquierda (PAIZ) (10) cercano al ex Ministro del Trabajo y Educación de la concertación y último candidato a la presidencia del Juntos Podemos Más, Jorge Arrate. Todos  estos grupos tienen como semejanza el haber quebrado con la Concertación y asumirse en su plenitud como progresistas.

       Este sector no se ha podido constituir como una alternativa efectiva, principalmente por sus limitaciones en la extensión de su trabajo. Debe ser porque están más preocupados de construir partidos desde arriba, que generar sólidas bases de construcción en el seno del pueblo. Estas limitaciones las entrega el electoralismo, convirtiéndose esta táctica en la única forma de lucha. Esta alternativa sino corrige sus limitaciones, lo más probable es que termine como reciclaje concertacionista.

       La tarea de esta izquierda es demostrar que no son meros satélites concertacionistas, ya sea en su forma de actuar, aunque lo hagan criticando a ésta, y romper con el cerco definitivamente de la política tradicional.

La Izquierda Delirante.  (11)

 

       Por su nula incidencia real en la política nacional, esta izquierda no debería ser sujeto de análisis. Es interesante examinarla por su importancia en el aporte que realizó a la desaparición de una alternativa de continuidad de la Izquierda Revolucionaria en Chile.

       Esta izquierda delirante, aunque ha existido siempre en el acontecer político nacional, aparece reivindicando cierta herencia natural de la tradición revolucionaria,  en el proceso de muerte de la bipolaridad a nivel global y su expresión chilena de una salida “democrática” a la dictadura militar. Su gesta se produce con el encapsulamiento que requería la legítima lucha radical contra la tiranía, pero su problema no está en ese justo derecho revolucionario. La problemática se suscita cuando se abre la puerta del encapsulamiento y este tipo de izquierda decide quedarse hibernando en ese estado.

       Su principales características en la actualidad es su carácter necrofílico, sectario e infantil que configura un estado de delirio permanente. Son una izquierda necrofílica por que son amantes de la muerte, pero su ego los lleva a soñar en su inmortalidad como los personajes idílicos del siglo XX y se organizan principalmente para fechas conmemorativas, lo que hay que hacer, pero no vivir solo de ellas. Es muy distinta la memoria histórica que vivir bajo una cultura de la muerte. Su sectarismo los lleva a vivir bajo la paranoia y el sentimiento de persecución buscando el enemigo en el mismo seno de la izquierda. Su infantilismo-ignorancia en materia política los lleva a defenderse tras las consignas y algunos pequeños discurso predeterminados.

       Esta izquierda es muy atractiva para la juventud, que tienen su primer acercamiento a la Izquierda Revolucionaria, ya que vive y se atribuye ciertas contiendas épicas y un imaginario político descontextualizado y ficticio. No faltan los viejos militantes que apadrinan a esta juventud y que muchas veces se legitiman con falsos currículum de combatientes populares.

Éstas se organizan bajo el nombre de rimbombantes organizaciones que existieron en décadas pasadas o inventos actuales. La mayoría de ellos son pequeños colectivos que se ponen ropas que les queda grande.

La Izquierda Social.

 

       Hoy esta izquierda es la mayoría. Somos millones los que desconfiamos de los partidos políticos tradicionales. Y también somos muchos los que deliberamos políticas desde nuestras más diversas trincheras sociales. Somos la izquierda social la mayoría de los que estamos inmersos en el movimiento social y popular, con las minorías sexuales, con los estudiantes, en la educación popular, en la liberación animal, en la equidad de género, con los pueblos originarios, luchando en contra de las represas, con los allegados, etcétera.

       Hemos acumulado en los últimos años mucha experiencia, madurando al calor de las luchas diarias. Esta nos da la posibilidad de configurarnos como una nueva alternativa a lo que ya existe, pero para eso debemos ser capaces de capitalizar toda nuestras energías en nuevos instrumentos de lucha, que nos permita ser entes políticos desequilibrantes en el acontecer nacional, con la perspectiva de cambiar lo viejo, por una nueva sociedad.

       Esto no lo haremos solos. Chile requiere una nueva mayoría política y social, que no sucumba a las mañas de las burocracias tradicionales de izquierda y a los populismos que intentan capitalizar el descontento social. Por tanto,  “Libres del Sur” nace para ser un aporte más en la construcción de un nuevo Chile.

La Otra Izquierda.

 

       Cuando a uno no le gusta lo que hay, tiene que construir algo nuevo. Eso puede ser una filosofía de vida, pero para un revolucionario es un imperativo moral. De la crítica no se vive, por eso el deber que tenemos como luchadoras y luchadores sociales, es ser parte de la construcción de una alternativa al capitalismo, sus instituciones y lacayos.

       Es hora de dibujar una nueva izquierda, pero esto no se dará de un día para otro, será parte de un proceso de encuentros y fricciones en sus formas y contenidos. Será un camino de propuestas y no de imposiciones de un grupo de iluminados. Será un camino pedregoso, que dependerá de la audacia y coraje que le coloquemos a nuestro andar. Será un camino de tristezas y alegrías, de derrotas y triunfos, de sacrificios que al final nos darán la victoria. Nuestro principal sello será la porfía de que estamos seguros que Chile puede ser distinto.

       Para que otro Chile sea posible, otra izquierda en necesaria. Una izquierda que reafirme su condición natural de anticapitalista. Una izquierda democrática,   que sea el reflejo de la sociedad que queremos. Una izquierda respetuosa de los movimientos sociales. Una izquierda con vocación de poder. Una izquierda curiosa, alejada de los dogmas. Una izquierda estética en su forma. Una izquierda internacionalista. Una izquierda antes de todo: revolucionaria.

Una Izquierda Anticapitalista.

 

       No es de perogrullo en la diversidad de izquierdas existentes, hablar de la construcción de un Izquierda Anticapitalista. Hoy encontramos dentro del espectro de las reivindicaciones de izquierda las más variadas alternativas ideológicas, estratégicas, tácticas y culturales[1] (12). Reafirmar nuestra condición natural de Anticapitalista, es ratificar nuestra posición clara frente a lucha de clases, al aparato burocrático estatal y a sus desenlaces frente a la transformación social.

Ser Anticapitalista en el siglo XXI, es seguir no dándole un solo centímetro a los poderosos de siempre. Es no claudicar antes sus mezquinos intereses. Es no bajar la guardia jamás. Es organizarse sin descanso por mandar al museo de antigüedades, al sistema más perverso e injusto que ha conocido la humanidad. Ser anticapitalista es saber que no sólo se triunfa con una alternativa, sino también destruyendo la de tu enemigo.

       Una izquierda que no sea Anticapitalista, está destinada a la funcionalidad de este perverso sistema. Si no nos declaramos Anticapitalistas, estamos sentenciados a las injusticias y vicios de los vaivenes del capital nacional o extranjero de turno.

Una Izquierda Democrática.

 

       Nuestra izquierda debe ser el reflejo de la sociedad que queremos, por tanto, la democracia al interior de las organizaciones de izquierda,  debe ser un baluarte que debemos cuidar y fomentar. Ser una Izquierda Democrática es romper con el sectarismo, el caudillismo y las malas prácticas tan comunes dentro de la política tradicional. Debemos impulsar las bandera de la participación activa de toda la militancia, en las mas diversas materias de la vida orgánica interna y con la libertad necesaria de inmiscuirse en las más variadas temáticas del acontecer nacional e internacional.

Nuestra izquierda no debe limitar su concepción democrática al paradigma liberal de las urnas, entendiendo que en una caja que se ventila cada dos años no cabe el ejercicio de soberanía popular. El ejemplo anterior es tanto para las elecciones institucionales como las orgánicas.

Debemos tener espíritu democrático. Entregarnos al arte de la discusión. Aprender a ganar y perder en ella. Ejercer todo nuestro derecho a la voz y a ser parte de la conclusión definitiva. Debemos aprender a vivir con la democracia en nuestra vida cotidiana. Debemos hacer una transformación radical entre nosotros, para proyectar la sociedad que queremos.

Una Izquierda Respetuosa.

 

       Es difícil para la izquierda tradicional entender las lógicas de los movimientos sociales. Ellos se formaron en otros tiempos. Pero para nosotros que nos hemos ido formando en estas trincheras, es fundamental saber cómo vincularnos a ellos. Primero, es de forma natural, ya que somos parte integral de los movimientos sociales. Segundo, respetar sus tiempos y lógicas de trabajo. Y por último no considerarlos jamás como masa, que cada cierto tiempo pueden ser utilizados para algo en específico, y aunque lo quisiéramos ellos han madurado muchísimo, detectando de forma rápida al oportunismo y sus malas prácticas.

       Ser una izquierda respetuosa nos lleva también a respetar a otras organizaciones de izquierda, que con las cuales podemos tener diferencias en algunos aspectos, pero lo más probable es que las coincidencias sean muchas más. La política del enanismo –hacerte ver más grande achicando al de al lado-  significa a la larga estropear los tan importantes esfuerzos de unidad que se puedan dar en el futuro.

       Con respeto seremos capaces de romper los cercos entre la izquierda y los nuevos movimientos sociales, como también pavimentar los caminos tan necesarios de la unidad.

Una Izquierda con Vocación de Poder.

 

       Una izquierda sin vocación de poder, está destinada a ser funcional al sistema capitalista y sus estructuras políticas. Debemos ser capaces de disputar en los más diversos campos de batalla, las cuotas de poder ostentadas por el bloque hegemónico.

       No podemos construir por construir. Nuestro trabajo no puede ser un eterno acto de resistencia. Como hemos aprendido durante años a resistir, hoy nos debemos formar para recorrer todos los espacios ganados y defenderlos con eficacia y sabiduría. A través de la toma del poder, es cuando se inicia la avanzada entorno a la desaparición de las clases sociales.

       Tener vocación de poder es saber que el sistema imperante puede desaparecer y que las grandes mayorías pueden de una vez por todas hacerse cargo de su propia historia.

Una Izquierda Curiosa.

 

        La curiosidad es la fuente principal del conocimiento. Una izquierda que no es curiosa está predestinada al dogmatismo político y al encapsulamiento táctico.

       Debemos tener la curiosidad sobre las mas diversas materias que rodean la humanidad, como las artes, la tecnología, las ciencias entre otras. La curiosidad por los más diversos postulados de la intelectualidad en su ancho espectro político, lo que no quiere decir que eso es compartir la mayoría de sus postulados.

       Ser una izquierda curiosa debe ser nuestro sello. No nos debemos quedar con las consignas panfleteras. Siempre en las diferentes materias debemos ir más allá. Atravesar las paredes de la ignorancia y sumergirnos en las provocaciones intelectuales y políticas.

       Es curioso en estos tiempos apelar a la curiosidad, pero sin ella vamos a quedar estancados en fórmulas que huelen a naftalina y que no son transportables muchas veces de un siglo a otro.

Una Izquierda Estética.

 

       Estéticamente quedamos congelados en la propaganda soviética, heredando hasta sus colores. Con lo que voy a plantear no quiero decir que hay que romper con un imaginario histórico que nos pertenece. El tema pasa por ser capaces también en esta materia, de ponernos a la altura de los requerimientos que nos exige la lucha en estos tiempos, la cual se tiene que ir adecuando a los adelantos tecnológicos. Junto con esto, debemos alejarnos del culto a la muerte y darle más alegría a nuestras formas de expresión.

       Una nueva estética para la izquierda es necesaria, nos guste o no. Si es necesario debemos captar las señales que nos entrega el mundo social de acuerdo a sus principales gustos entorno a la forma.

       Una nueva izquierda estética nos llevará a romper con las barreras que nos han impuesto los dogmas del imaginario  y llegar a las mayorías para crear una nueva mayoría.

Una Izquierda Internacionalista.

 

       La izquierda no se puede limitar al internacionalismo como mero acto de relaciones internacionales con organizaciones afines, aunque es muy valioso el intercambio en ese ámbito.

       Si en la era tricontinental, el sello del internacionalismo revolucionario era estar dispuesto a combatir en el mas inhóspito lugar que exigía la lucha de clases, hoy en el siglo XXI está marcado por las profundad solidaridad entre pueblos, lo que quiere decir que tenemos que hacer es dar visualización a las luchas que dan los pueblos en cualquier parte del mundo, solidarizar desde lo material con todo lo posible que esté a nuestro alcance y a través del intercambio de experiencias, aprender de las luchas populares globales.

       Una izquierda que no se refleje en las contiendas populares externas, siempre guardando las características propias internas, se aísla del objetivo estratégico primario global, que no es más que la derrota total del capitalismo. Por tanto, se ve mucho mas lejano del objetivo estratégico final, que es la revolución social global.

       Internacionalizar la lucha nos dará la posibilidad de defender nuestros procesos locales y de derribar a los imperialismos imperantes.

Una Izquierda Revolucionaria.

 

       Como reafirmamos nuestra condiciona natural de anticapitalistas, también  nuestra izquierda se sitúa  de forma lineal en la larga tradición revolucionaria chilena.

Como revolucionarias y revolucionarios no perdemos cual es nuestro horizonte en esta larga contienda. Esto nos lleva a construir bajos las lógicas  de la acumulación de fuerzas que sean necesarias para cumplir con nuestros objetivos.

Cuando hablamos de Izquierda Revolucionaria no se debe confundir con la práctica de pequeños grupitos descontextualizados que pertenecen a la izquierda delirante.

Somos y seguiremos siendo izquierda revolucionaria, colocándonos nuevamente en el situal histórico que nos pertenece, que es ser la alternativa transformadora de las mayorías.

       Con el ejemplo de Luis Emilio Recabarren, Clotario Blest,  Salvador Allende y Miguel Enríquez, el pueblo Chileno se merece tener una izquierda revolucionaria como corresponde.

       La construcción de la otra izquierda, es un desafío para todos aquellos que creemos en un Chile igualitario, libre, democrático y popular. El objetivo primario del Movimiento Libres del Sur de Chile, es ser un espacio para cumplir ese desafío.

Compañeros y compañeras: Como izquierda tenemos que aprender a navegar por los cauces del siglo XXII, la invitación ya está hecha…

Sitio del Instrumento: www.libresdelsur.cl

Notas e Referencias

(1) Documento de discusión Nº 1. Primera semana de abril de 2012.

(2) Militante del Movimiento Libres del Sur de Chile.

(3) Democracia Cristiana de Chile. Página web. www.pdc.cl/.

(4) Partido Socialista de Chile. Página web www.pschile.cl

(5) Partido por la Democracia. Página web www.ppd.cl.

(6)Partido Comunista de Chile. Página web www.pcchile.cl

(7) Partido Progresista. Página web www.losprogresistas.cl

(8) Movimiento Amplio Social. Página web www.masregional.blogspot.com

(9)Movimiento Amplio de izquierda. Página web  http://www.movimientoampliodeizquierda.cl/

(10) Partido de Izquierda. Página web. www.paiz.cl

(11) No le llamo ultraizquierda por ser este un concepto que inventó el reformismo en alianza con la clase dominante para caricaturizar a la Izquierda Revolucionaria en un momento histórico.