El derecho a soñar de Temaca (México)

Por Monica Montalvo 

Temacapulín. foto Arturo Campos Cedillo.

Desde hace seis años a las comunidades alteñas de Temacapulín, Acasico y Palmarejo se les ha negado el derecho a soñar.

La presa El Zapotillo se anunció como cuando a un enfermo se le diagnostica cáncer terminal, este cáncer acabaría no sólo con su vida como había sido, con sus redes sociales, sus casas, sus calles, fiestas y más, sino hasta con la posibilidad de ser libres para decidir sobre su propia existencia y futuro.
Los jóvenes no podrán vivir más en las casas que sus padres y abuelos construyeron, los niños ven la angustia que sus padres viven por el devenir al cual han sido condenados arbitrariamente y los hijos ausentes no tendrán ese lugar a donde regresar. Todos amenazados y hostigados constantemente por las autoridades estatales y federales por la decisión que han tomado: la de luchar por su tierra.
Los argumentos que sostienen para la construcción de esta obra hidráulica están basados en la ilegalidad e irregularidades de todo tipo. Éstos se han expuesto no sólo a las autoridades correspondientes de diferentes niveles de gobierno sino a los medios de comunicación, a otros movimientos sociales y a la sociedad civil en general. El momento que condensa estos argumentos culminó con las mesas de “diálogo” celebradas en los meses de abril y mayo del año pasado después de la toma de El Zapotillo, donde desde lo legal, social, ambiental, antropológico y lo psicológico se demostró claramente el por qué debería cancelarse inmediatamente la presa.
Frente a los argumentos expuestos por la comunidad, académicos, activistas y diferentes grupos de derechos humanos nacionales e internacionales, las autoridades sólo pudieron responder: “la presa va porque va”. Por que en este país no basta con tener la razón, sino tener o construir la fuerza social y política que la sostenga o haga valer. Nunca demostraron ni han demostrado que El Zapotillo era la única opción para el abastecimiento de agua y guardaron silencio frente a la violación de los derechos humanos que están cometiendo contra los habitantes de las comunidades.
Pero la gente no se ha quedado callada, mantiene firme su posición, la cual es clara y basada en lo que los propios marcos jurídicos nacionales e intencionales señalan como el derecho a decidir sobre su propio desarrollo y territorio; por lo tanto dicen: “No a la reubicación y no a la presa”.
Desde la toma de la obra y los supuestos diálogos con el gobierno han seguido exigiendo la cancelación, han realizado eventos deportivos y culturales en Temaca para demostrar que el proyecto que impulsa la comunidad desde la revolución del agua es por la vida y no de la muerte. Han compartido su experiencia con otros afectados en diferentes foros dentro y fuera del país. También convocó a la Caravana agua y paz para todos y para siempre, en el marco del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, para decir y alzar la voz juntos con otros hermanos y hermanas en todo el país y también para decir ¡Basta!, ¡Estamos hasta la madre y no queremos más sangre! Así mismo expresaron que no sólo las balas matan, la presa El Zapotillo los está matando también lentamente.
En las últimas semanas han denunciado la nueva estrategia del gobierno para tratar de seguir con su proyecto: La expropiación. Esto comprueba que a pesar de las declaraciones de las autoridades de la Conagua y la Comisión Estatal del Agua de Jalisco no han logrado comprar los terrenos de Temacapulín. Por eso ahora quieren acudir al término de utilidad pública para despojar a los pobladores de su territorio.
Pero es importante que se aclare que esta noción es utilizada falsamente, puesto que la presa El Zapotillo no tiene un beneficio para la población. Esta presa beneficiará a las empresas trasnacionales españolas FCC y Abengoa y a la mexicana La Peninsular, empresa de los Hank Rhon, además de privatizar el agua en la región.
Los afectados de El Zapotillo por lo tanto no sólo son las comunidades a desplazar, son también las poblaciones por las cuales el gobierno quiere legitimar su discurso de la violación de los derechos de las primeras, sino también a la gente de Los Altos de Jalisco, de la Zona Metropolitana de Guadalajara y León, además de venderles el agua como una falsa solución sobre un problema que atañe a todos, que es la gestión integral de la misma.
¿Cuántas veces más se permitirá que el gobierno lleve a cabo proyectos con nula aceptación? ¿Cómo permitimos el desvío de recursos públicos para fines privados? Que en unos años acepte lo que hoy decimos, la inviabilidad técnica, ambiental y social de El Zapotillo como solución de la problemática del agua. ¿Por qué ante las autoridades de Jalisco, Guanajuato, las comunidades alteñas carecen de derechos humanos? ¿Por qué ser de Temacapulín, Acasico y Palmarejo te exenta de la protección que la misma Constitución le da a todos los mexicanos?
El Zapotillo demuestra que la ley que vale es la del dinero, la de los intereses de grupos trasnacionales a costa de la población que lo único que hizo fue estar desde hace mas de 14 siglos en los márgenes de un río, el Verde.
¿Podremos ver cómo las autoridades violentan más y más a la población sin decir nada? ¿Sin indignarnos? ¿Sin preguntarnos qué haríamos nosotros si estuviéramos en sus zapatos?
El Zapotillo muestra la corrupción de nuestras instituciones y también puede demostrar que cuando el pueblo habla y se organiza, exige que su voz se escuche.
Todos somos afectados, todos luchemos para lograr definitivamente la cancelación de la presa. Porque no podemos permitir que nos quiten el derecho a soñar. Temaca no está en venta.

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