Entre Sueños y Distopías.

Por Venâncio Guerrero

¿Cuando he llegado aquí? ¡No sé! ¡No sé! ¿Como no sabría? ¡Tengo de saber! Lógico que yo sé. Como no saber.  No querría saber. A las veces he fingido no saber.  ¿Será que digo como estoy? ¿Decir para quien? Sí. Sí. Ya tengo para quien decir. No lo voy a decir para la mujer que me viene a traer comida, aquella que un día he llamado de algún nombre delicado y bonito, pero que ya no me recuerdo. No. No sé quien ella es más.

También no voy a decir para la máquina pensante que grita aquí, bien delante de mí barriga. ¿Voy a decir para los bichos que conviven conmigo? No. No puedo. Tal vez ellos sean más humanos que yo, no es justo hacer eso con criaturas superiores. Voy a decir para el retrato mío, ese donde me encuentro soñador, con mis botas azules y un sombrero rosado. ¡Pues, esa foto, ese fragmento de un ser que soñaba debe escuchar las verdades de sus elecciones!

 Antes de decir como estoy, es necesario relatar un poco de mí vida pasada, en el momento que era un Hombre. ¿No soy más un hombre? Nunca me hice esa pregunta.  ¿Que sería, entonces? Decir que no soy hombre me abre muchas posibilidades. Puedo ser varios tipos de animales. Que lindo sería si fuera un León, una Águila, un Elefante, un Cocodrilo, un Gran Dinosaurio, mismo un Pequeño Dinosaurio. No sé. No puedo compararme a eses animales. No. No puedo. ¿Lo que sería yo? No sé. Solo sé que no soy más un Hombre.

¿Como puedo tener tanta certidumbre de eso? Sí. Sí. Pues sí. La vida. La vida. ¿Que es la vida? ¿Hombres corriendo en la playa? ¿Donde se encontrarían los niños y las mujeres? La vida es clara y torpe. Sí. Sí. ¡Vida! Maldita. Malditos “Tu me gustas”. Canciones. Quedar hoy. No. ¡No! ¡Vete! Ya no te quiero. Sí. Sí pues. Cuando más buscamos algo que queremos, más no lo encontramos, más ahondamos ese deseo en nuestros corazones y cegamos nuestras visiones.

Querido retrato, creo que seríamos más libres, sí fuéramos máquinas. Sí, miro esa caja cantante y gritante, llena de imágenes que se pone delante de mis ojos. ¿Será que ella no es más libre que yo? ¿Será que no? Mira, mira. No. No puedo. Ser hombre. Ser o no ser. Esa no es la cuestión. No debe ser. ¿Por que sería? Pues, ya tenemos tanta certidumbre de nuestra falta de humanidad, por que perdemos tiempo en preguntar sobre eso. No somos Hombres. ¿Y las mujeres? ¿Donde quedan ellas? Siempre hablamos sin referirse a ellas. Bueno, pero la cuestión es para mí, soy yo que habló de mí mismo, no estoy hablando de mujeres, yo no las quiero. Ellas también nunca me quisieran. ¡Pues sí, más un hecho! Realmente, no soy un hombre. Pero, hay mujeres que quieren mujeres. ¡Yo soy una mujer? No, no soy una mujer, pues ellas son mejores que los hombres e yo soy peor que eso. ¿¡Como!? ¿Como, vos? ¿Como vos tenés tanta certidumbre de eso? ¡Sí, tengo, sí! Yo no puedo dudar de mí mismo.

No retrato, tú no puedes dudar de mí, yo soy aquel que dudo de ti, dudo de mis sueños antiguos, de mis deseos. Deseos. Sí. ¡Deseos! Perros. Mujeres. Niños y juegos, todos felices en la playa. ¡Deseo! ¡Conozcas a ti mismo! ¡Siempre a decir eso, siempre! ¿Quien lo dijo? No me acuerdo. Creo que esa máquina aquí, esa caja vibrante e iluminada. Por que dijo eso para mí. ¿Por que tengo de conocerme? Es la misma pregunta que hicieron para el estudiante: ¿Por que no escribiste en inglés? ¿Por que no escribir en ruso? ¡Malditas grandes preguntas! Puedo alimentarme de preguntas como: ¿Eres feliz? ¿Soy feliz? ¿Existe una Razón fundamental que rige al universo? ¿Dios existe? ¿Es posible que todos sean felices al mismo tiempo, en el mismo segundo?

¡Paremos con eso! ¡No vamos a pelear ahora! No. No. Ahor aque estamos en medio de la investigación de la vida. Sí. Animales. Mujeres. Hombres. No, no soy nada de eso. Pero, no importa. No importa mismo. ¿Lo que importa, entonces? ¿Te pregunto, caro retrato? No. No. Antes, afirmo: A las personas les gusta reparar en otras, le gusta decir sobre otras, pero ellas no quieren que esa Otra sepa. Ellas se hacen de misteriosas, hablan, hablan, quieren que hablen de ellas. Mira su ropa. Mira su pelo. ¡Mira! Cuando descubren que otras hablaran de ellas. Ah (…), ellas son muy envidiosas. ¡Pero, siempre quieren, necesitan de la conversa ajena! ¡Hablen mal, pero hablen de mí! ¿Mira, no han hablado de mí pelo? No. No.

Cuando busco la raíz, me pierdo en evidencias fallas.  Pues, dejemos eso. Vamos para el esencial: Vamos hablar de mí mismo, el gran personaje, el gran protagonista aquí, solo yo existo. ¿Será que los hombres existen? ¿Las mujeres? ¿Los animales? No sé. No sé. Otra vez con ese debate. Toda vez que intento ir al esencial, regreso a la superficie. Hablar de la humanidad es una futilidad.

No interesa nada. A Nadie. Ni yo intereso más. Nada a hablar de existencias. Ni de ser. Ni de nadie. ¿Cuando las cosas empezaron? ¡¿Cuando?! ¡¿Cuando me hice menos que un animal?! ¿Quien me hizo eso? ¡¿Quien?! La caja pensante puede darme respuestas. ¡Maldita caja! ¡Habla! ¡Habla! ¡Habla! Pero, nunca habla de nosotros mismos. Creía que sería mejor que el Otro, a quien yo pedía y nada me decía. Tú me dices algo, pero eso Algo no me dice respecto.

¿Bueno, quien era Yo? ¿Antes de ser ese menor que hombre? ¿Sería yo? ¿Sería yo, aquel niño que caminaba feliz por medio de la Floresta? Sí, era un niño feliz que caminaba. No. No era un niño. Era un adolescente. Tenía unos 15 años. Estaba en plena necesidades libidinosas, mismo que ellas nunca eran satisfechas, eran parte principal de mis sueños. Sí. Sí. Yo deseaba mucho a las niñas, pero ellas no me querían. Yo no hacía caso, mí amor por ellas todavía era enorme. Paseaba cantando y brincando. Animales. Mariposas. Verde intenso. Una niña camina. Bonita. Clara. Luz. Niña bonita. Nos enrollamos. Sí, como animalitos. No he realizado mi deseo de amarla, me ha mordido, fui completamente golpeado. Pero, estaba feliz en recibir el único contacto real que tuve con una mujer. Mentiras. Mentiras. Mentiras.

¿La verdad? ¿Que es la verdad? Bueno, la verdad puede ser cuando era niño y jugaba con mis amigos. Sí. Estábamos a jugar como buenos niños, saludables, panzudos, y quemaditos por el Sol. Me dijeran: ¡Vaya! Tu eres muy bonito, quemado y respirando aire puro. ¡Bueno, les dije, feliz estoy por me elogiaren! Me propusieron subir en el árbol y contar hasta cien, después bajar. Yo he subido muy emocionado. ¡Sí!  Estaba allá mirando al horizonte claro, al sol caer por debajo de las montañas, escuchando mí corazón en sintonía con los pájaros. ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! Yo gritaba como un pájaro. Mis amigos ya habían sumido, en verdad nunca existieron. Yo había sumido de allí, quien gritaba era la caja, no yo. ¡No! ¡No! Yo estaba aquí mirando la caja que gritaba locamente.

Soy un gran mentiroso, eso sí. No conozco a ninguna mujer, nunca tuve contacto físico con alguna mujer, no sé si he nacido de una mujer, creo que fue hecho por máquinas. También nunca he conocido a niños diferentes de mí. Nunca. Creo que nunca fui niño, siempre ese ser grotesco aquí, peludo, muy peludo. Tengo pelos por todas las partes. Mi rostro es tan peludo. No hay una colma de rostro que quedé libre de pelos. Siempre son pelos. Mi barriga de gran volumen es bañada de pelos. Pelos. Pelos. Muchos pelos. Me gusta ser peludo. A la mujer que me viene traer comida, le gusta mis pelos, todos ellos. Le gusta tocar y tocar. Mentiras. No tengo pelos. Nunca puedo hablar de mí, sin hablar de mentiras.

 Son puras mentiras. Sí. Sí. Sí. ¡Son! Yo nunca caminé, siempre fue creado en frente de la caja, he vivido la vida de las personas que aparecen en la caja.  Creo que la escena de los niños, es la escena de una película cualquiera. También, no era un Hombre que corría detrás de la niña bonita, era un Perro que corría, como lo he visto en la caja brillante. Si no puedo ser un Hombre, querría ser por lo menos un perro. ¡Sí! Un Gran Perro. Bonito. Peludo. Brilloso. No esa cosa que se encuentra aquí delante de la caja iluminada.

No hablemos de mezquines. Hablemos de mí. No. No hablemos de mí. Desisto de hablar de mí. No puedo hablar de mí, disculpe caro retrato. Es muy desagradable hablar de esa masa informe, de esa cosa. También, no puedo decir de mí vida pasada, pues ella no existe, lo que existe es un eterno presente.  Chistosos. Todos son tan chistosos. Bromas. Siempre son bromas, dicen. Yo no soy chistoso. Yo soy aburrido. Mi vida es aburrida.

No. No era como soñaba. No. Mira retrato. No era como soñaba. ¿Te acuerdas? Amor. ¿Te acuerdas cuando nos amábamos? ¿Te acuerdas como te besaba? Sí. La besaba por todo tu cuerpo. Te hacía cariños. Te decía para amarme por todo siempre. Sonreía. Hacíamos planes. Sacrificamos uno por el otro. Sí. Nosotros soñábamos. ¿Por que dejamos de soñar? Pues, fue para vivir nuestras libertades, descubrimos que era mejor no sacrificarse uno por el otro. Que eso nos encarcelaba. Nos oprimía. Un día era yo que querría que te sacrificaras por mí. Otro día eras tú que querrías mi libertad para tener tú propia libertad. Como dos personas racionales, completamente sensatas nos pusimos de acuerdo: Basta ya, basta de sueños, somos más libres sin sueños. Sin amor. Somos más libres como máquinas. Sí. Nos quisimos hacernos máquinas, nos hicimos máquinas. Ahora estamos libres de nuestros sentimientos.

¿Mentira o Verdad? No importa. Siempre me acuerdo sobre el día en el tribunal. Fue lindo. Estaba todo bien ordenado. Corbata. Pelo bien peinado. Pelo brilloso. Sí, muy brillante. El juez me ha preguntado mí nombre, las letras correctas. Quedamos horas discutiendo las letras correctas, pues él no estaba de acuerdo, ni yo tenía certidumbre de lo que hablaba. La discusión se ha terminado en el momento que le dije que: lo correcto sería que las personas ya no hablasen, ni escribiesen más, solamente hiciesen caras feas. Así, en eso momento los problemas se harían polvo, todos se harían polvo, nadie necesitaría vestir corbata y juzgar alguien. Todos se pusieron de acuerdo con mí explanación y aplaudieron. Fui muy feliz.

¿Verdad o mentira? No importa. Ya ni pierdo tiempo en hablar la verdad de la Vida. Peor, todavía, hablar sobre la verdad de mí vida. Tal vez, un día puedo haber tenido una vida. Ahora, ya no. La verdad no existe para quien tiene miedo de la vida. Sí. Sí. El Sol invade ese cuarto, invade la cama, invade la caja pensante, invade todo mí ser. ¿Que quiere? ¿Que quiere, maldito? Yo no le voy dar nada. Allá afuera hace un día inefable. ¿Pues sí, que podría hacer yo? ¿Vivir? Por que vivir? ¿La vida es realmente verdadera? Esa caja brillante no sabe contestarme. Yo no sé quien soy, ni quien fui. Tal vez me he condenado. Pero, para ser libre, hay que condenarse a subordinarse a los otros, mejor que sea a la caja brillante.

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