Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

Por Nayda Medrano

 

 

Soy mis manos, mi rostro, mis letras, mis ideas, mis locuras, mis sonrisas, mis resistencias. Las que fueron una vez de Simone de Beauvoir, Prudencia Ayala, Clara Zetkin, Rosa Luxemburgo, Alejandra Pizarnik, Lil Milagro, Manuela Sáenz, Alfonsina Storni, La Malinche, Anacaona, Ana de Tarma, Tamara Bunke. Soy la nieta de mujeres-tierra que vinieron a dejar su huella de humana-fertilidad. Vengo de una estirpe de amazonas irreverentes, listas para transformar. Soy masculina-femenino, buscándose en el punto de la serenidad. Soy todas, porque siento, canto y lloro y río como las demás.

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A menudo cuestiono sobre el por qué esperamos a que, en la fecha indicada, conmemoremos aquello que debería reconocerse y sobretodo respetarse a diario. En el caso que nos ocupa, hablar sobre los derechos de las mujeres debería ser tan natural como respirar, sin embargo, nos sigue siendo una enorme deuda, aún con los pasos que se han dado alrededor de ello.

 

No dejo de cuestionar el nacimiento de estas líneas, las cuáles deberían fluir un día cualquiera. Sin embargo, digamos que la ocasión es propicia para que en colectivo podamos reflexionar sobre la situación en la que vivimos las mujeres y los avances en la defensa de tales derechos, aterrizar bien el significado del ocho de marzo, sabernos reconocidas en la historia y con ello, finalmente caminar en construcciones distintas, paradigmas transformadores, que nos permitan no una lucha incesante sobre un sistema que nos invisibiliza, sino que en la transformación del mismo. Identidad, al fin y al cabo, esa que se ha diluido entre el maquillaje y las falsas sonrisas sobre las cuáles hemos crecido. Colchón tendido de buenas verdades a medias.

 

Siendo parte necesaria de estas letras el tratar de llegar a la mayor cantidad de mujeres que no han estado organizadas, debo iniciar con un hilo histórico de por qué conmemoramos el 8 de marzo el día internacional de la mujer, si, trabajadora. Contrario a la sublimación inyectada por el sistema, esta fecha no corresponde a lo sutil y delicadas que somos las mujeres, no corresponde a la entrega de una rosa como símbolo de reconocimiento a nuestra feminidad, no se trata a lo delicadas que somos, ni se enfoca tampoco en las ofertas varias por ser el mes de la mujer (como si no hubiera otros once meses y otras actividades más relevantes). No se trata tampoco de fechas de exclusiva celebración de organizaciones feministas, de las cuales seguramente tienes tú, hermana, determinada aversión.

 

Lejos de ello, el origen de esta conmemoración se remonta a la inminente necesidad sistémica-social de que las mujeres empezáramos a trabajar con condiciones altamente indignas y en cantidades de horas inhumanas. Frente a ello, la respuesta de varias sería la de exigir mejoras en las condiciones de trabajo, entre ellas disminución de horario y mejor salario. Otro gran derecho consignado alrededor de este tiempo, fue el del ejercicio del voto. Muchas de estas mujeres murieron, algunas calcinadas dentro de sus fábricas textiles, por exigir tales reivindicaciones. Es increíble que en pleno siglo XXI las condiciones no estén muy distintas en esta materia, pero es más increíble aún, que tú, no te conmuevas como ser humano por ello y sigas en el patrón defensivo, individualista y competitivo sin salir de él, dejando a la libertad de “a quien le corresponda”, la solución de tales hechos.

 

Cada vez que leemos editoriales que nos denigran como seres, nos matamos entre nosotras. Cada vez que nos criticamos, que nos burlamos, que nos agredimos, que nos envidiamos, no estamos haciendo más que darle de comer al mismo sistema que nos margina y nos quita la estima de mujeres que deberíamos abonar a diario. Cada vez que ingenuamente otorgamos esa fuerza de madre-tierra que tenemos a banalidades que lejos de hacernos germinar, nos secan, estamos nuevamente negándonos.

 

Quiero con esto, hacer énfasis en el papel que tenemos. No el rol, eso es distinto, sobre todo cuando este es impuesto desde una sociedad machista, patriarcal y capitalista. Hablo de descubrirnos como seres con pensamientos validos y fuertes, con emociones a flor de piel, con poder de decisión y de transformación desde otras conductas.

 

Creo que el mejor homenaje que podemos hacer a nuestras congéneres, aquellas que fueron calcinadas vivas, es sabernos comprometidas con nuevas formas de ser, de vivir. Bien dijo alguien con cierto nivel de lucidez, que los sabiduría transita el camino que ha sido abierto por la locura. Viene el tiempo de las sabias, aquellas que retomaremos lo que, a las que llamaron locas, nos dejan como legado.

 

¡Ah! y solamente como aderezo final de esta reflexión. Querida, nunca des tu voto al un hombre solo por su sonrisa. Hay propuestas y hay mujeres trabajando ahora en política, leer es la tarea. Que no se diga que una mujer votó de una manera poco inteligente.

 

Con un abrazo de hermana, conmemorando a otras tantas.

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